Movilidad universitaria: entre lo presencial y lo virtual

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1. Diagnóstico de la situación
El mundo en que vivimos es cada vez más abierto, con gran movilidad de personas en los espacios regionales y entre continentes a nivel de turismo, ocio, deporte, cultura… pero también de negocios y actividades profesionales, con mercados de trabajo cada vez más globales. Y, cada vez más también, a nivel de la investigación y de la educación superior.

El conocimiento es, efectivamente, la base en la que se fundamentan el progreso económico y el desarrollo de las sociedades modernas. Y son los países con las universidades y los centros de investigación más avanzados los que han alcanzado un mayor grado de desarrollo. Por eso, es natural que los pueblos y las naciones menos desarrolladas aspiren a beneficiarse de ese conocimiento y a ofrecer a sus ciudadanos una educación mejor y  mejores condiciones de vida.

Pero la movilidad no sólo interesa a los países menos desarrollados. Todos los estudiantes, docentes e investigadores deberían, idealmente, beneficiarse de la participación en programas de internacionalización, confiriendo a sus actividades una dimensión internacional e intercultural con consecuencias muy importantes (además de las resultantes de su propia formación) a nivel de la apertura de mentalidades, la comprensión y respeto por otros pueblos, culturas, religiones, valores y costumbres que Nilsson (2003) refiere como una “vacuna contra los nacionalismos y los racismos”. En el caso de los países más ricos es, además, una demostración de solidariedad con los países en desarrollo.
En 2007, 3 millones de estudiantes internacionales participaban en programas de movilidad en todo el mundo, de los cuales 2,5 millones (83,5%) estudiaban en los países de la OCDE. Esos estudiantes provenían de Asia (48,2%), Europa (23,3%), África (11,6%), América del Sur (6,3%) y América del Norte (3,4%). Esos estudiantes escogían en primer lugar, Estados Unidos (20%), después Reino Unido (12%), Alemania (9%), Francia (8%), Australia (7%), Canadá (4%) y Japón (4%) (fuente: Education at a Glance 2009, OCDE). Estos 7 países, cuyas universidades conquistaron una gran reputación internacional, acogían a casi 2/3 de toda la movilidad internacional. Podríamos incluso ser un poco más precisos en la identificación de los factores que determinaron esas elecciones: la calidad de la educación, las perspectivas de empleo, los aspectos relacionados con la seguridad y los estilos de vida proporcionados por los países escogidos.
En el Espacio Europeo, 182.697 estudiantes llevaron a cabo un programa de movilidad  (http://ec.europa.eu/education/erasmus/doc920_en.htm) en el ámbito del Programa Erasmus en el año lectivo 2007/08. Hay, naturalmente, países (incluso por su dimensión) en que esa movilidad alcanzó números más significativos. De los estudiantes arriba referidos, 14,5% eran alemanes, 14,2% franceses, 13,7% españoles, 10,1% italianos, 7% polacos y 5,6% británicos. Portugal, al ser un país más pequeño, tuvo una participación menor, con apenas un 2,6% del total. España fue el país que acogió un mayor número de estudiantes, alrededor de un 17%.
En lo que se refiere a movilidad de investigadores, EE.UU. (y Suiza en Europa) son, per capita, los mayores importadores de cerebros científicos. Científicos de todos los continentes (e igualmente científicos europeos) no resisten al apelo de las universidades y de los centros de investigación americanos, donde encuentran mejores condiciones y mejor ambiente para el trabajo de investigación en el marco de una movilidad que se inició en la posguerra, en las décadas de 1950 y 1960, y que convirtió a EE.UU. en la mayor potencia científica. Efectivamente, y a pesar de que el Consejo Europeo de Ministros adoptase en 2001 el “Objetivo Barcelona”, comprometiendo a todos los países de la Unión Europea a gastar un mínimo del 3% del PIB en investigación hasta 2010 (en 2001 la UE estimaba invertir un 1,9% y EE.UU. ya invertía un 2,8%) y a crear 400.000 nuevos empleos para científicos europeos cada año, aún estamos lejos de esos objetivos.
La fuga de cerebros (brain drain) es, desde este punto de vista, un problema que preocupa particularmente a los países en desarrollo. Países como Brasil (80% de sus graduados en el exterior han vuelto al país), Chile (se crearon centros de excelencia para promover la calidad de la investigación y traer de vuelta a sus investigadores más dotados), Colombia (programa “Colombia NosUne”) y México (entre 1991 y 2000 repatrió más de 2.000 investigadores mexicanos que vivían en el extranjero) desarrollaron programas específicos a nivel nacional para promover el retorno de sus investigadores más cualificados (Sánchez, 2005; Holm-Nielsen, et al., 2005; Jaramillo, 2005; Gacel-Ávila, 2009). Pero ¿cómo controlar los movimientos de las personas en sociedades abiertas y donde es legítimo que éstas busquen oportunidades en países que ofrecen mejores condiciones profesionales y mejor remuneración de sus calificaciones? ¿Cómo minimizar el impacto del brain drain sin disminuir la importancia, para los propios países de origen, de la circulación de investigadores (brain circulation) que se afirma fundamental para estimular el desarrollo?
El interés en la internacionalización de los sistemas de educación superior en América Latina ganó un fuerte impulso a principios de la década de 1990, pero aún no adquirió una importancia decisiva en la agenda política. Las motivaciones fundamentales por detrás de ese interés varían un poco de país a país: mejorar la calidad de la educación (particularmente a nivel de postgrado) y de la investigación; aumentar el dominio de lenguas extranjeras; ser más competitivo, trabajar mejor en ambientes internacionales y desarrollar el país; promover ingresos adicionales y reducir los costes del Estado  (Theiler, 2005; Laus, Morosini, 2005; Sánchez, 2005; Jaramillo, 2005; Gacel-Ávila, 2005).
En este marco, se ha verificado en América Latina un aumento sensible de los números de la movilidad en la última década, con estudiantes e investigadores que demuestran un interés creciente en disfrutar de una experiencia internacional, sobre todo en EE.UU. y Europa (particularmente en España, Italia y Francia), pero también en los países asiáticos y en Oceanía (Holm-Nielsen, et al. 2005; Gacel-Ávila, 2009).  En 2007, de entre los países miembro de la OCDE, el 0,8% de los estudiantes internacionales eran de Brasil y el 0,2% de Chile, en un total de 6,3% estudiantes provenientes de países de América del Sur  (fuente: Education at a glance 2009, OCDE).
La cooperación entre los sistemas de educación superior de la Unión Europea y de América Latina ha conocido en los últimos años un fuerte impulso, aumentando visiblemente las actividades de cooperación desde principios de los años 1990. Esto ocurrió, fundamentalmente, a través de los programas ALFA, ALBAN y ERASMUS MUNDUS.
El Programa ALFA I promovió el intercambio y la movilidad académica entre las Instituciones de Educación Superior (IES). Entre 1994 y 1999, 1.064 IES de América Latina y de la Unión Europea promovieron este intercambio y resultaron seleccionados 846 proyectos. El Programa ALFA II se creó para desarrollar la cooperación institucional y la formación técnica y científica de las IES de América Latina y de la Unión Europea. Entre 2000 y 2006 este programa abarcó 770 IES y 225 proyectos resultaron seleccionados. El Programa ALFA III, en funcionamiento en el período 2008-2013, comprende 133 IES con 14 proyectos seleccionados hasta el momento (fuente: http://ec.europa.eu/europeaid/where/latin-america/regional-cooperation/alfa/).
El programa ALBAN es un programa de becas de estudio de alto nivel promovido por la Unión Europea. Entre 2000 y 2010, 3.319 candidatos de 18 países de América Latina fueron seleccionados para recibir una beca Alban: 1.426 de doctorado, 1.803 de maestría y 90 de especialización avanzada (fuente: http://www.programalban.org/).
En lo que se refiere a la atracción de estudiantes extranjeros, los países latinoamericanos aún no han sido capaces de desarrollar estrategias adecuadas. En los países de la OCDE, 1 de cada 10 estudiantes era estudiante internacional, mientras que en países como Brasil, Chile, Argentina y México los estudiantes extranjeros constituían menos del 1% del total de estudiantes de educación superior (Holm-Nielsen, et al. 2005).
La internacionalización de la educación superior y la movilidad de estudiantes, docentes e investigadores están en la agenda de muchos países. Sin embargo, son muchos los obstáculos para la movilidad, en particular en las regiones en desarrollo, como es el caso de los países iberoamericanos: la falta de recursos económicos para financiar los estudios en el extranjero, la inexistencia de programas específicos de estímulo a la movilidad, la falta de flexibilidad curricular y de mecanismos de transferencia de créditos, el dominio insuficiente de lenguas extranjeras (tanto entre estudiantes como entre docentes) y el elevado número de estudiantes que estudia a media jornada para poder ejercer otra actividad que le permita asegurar sus estudios, lo que limita sus posibilidades de estudiar en el extranjero (Gacel-Ávila, 2009).

Cuestiones para debate:
(1) ¿Cómo se pueden concretizar programas de movilidad sin promover la fuga a los países más desarrollados de los estudiantes, docentes e investigadores más dotados de los países en desarrollo, impidiendo o limitando el desarrollo y el progreso en estos países?
Un ejemplo de buenas prácticas en lo que se refiere a la limitación de la fuga de cerebros de los países en desarrollo hacia los países más desarrollados es el compromiso establecido entre la Comisión Europea y las universidades europeas candidatas a participar en consorcios europeos de cooperación con América Latina en el ámbito del Programa Erasmus Mundus. Todas las instituciones asociadas deben aceptar un acuerdo (Consortium Partnership Agreement) en el cual se comprometen, por todas las formas, a crear las condiciones necesarias para permitir el regreso de los becarios a sus países de origen al final de sus movilidades. Cabe igualmente referir el ejemplo de países como Brasil que, en la definición de sus prioridades en los acuerdos con la CE, han establecido reglas y orientaciones para las movilidades, limitando al máximo la posibilidad de fuga de cerebros y evitando así la repetición de un problema de este tipo, de gran dimensión, que unos años antes afectó profundamente a las instituciones y científicos de Brasil.
(2) ¿Cómo estimular los flujos de movilidad de los países más desarrollados a los países en desarrollo dando a conocer a los primeros otros pueblos, culturas y realidades y favoreciendo, entre los segundos, la creación de ambientes que incentiven su desarrollo e internacionalización?
La experiencia iniciada por la Unión Europea a través del Programa Erasmus Mundus es, de hecho, un ejemplo de buenas prácticas. Efectivamente, y en particular la Acción 2 (parcerias) de este programa, representa un avance relativamente a programas anteriores más centrados en la movilidad de países terceros para Europa. Desde este punto de vista, los acuerdos establecidos entre la Comisión Europea y los países terceros constituyen una iniciativa importante en el sentido de promover los flujos en ambos sentidos. Aún así, somos conscientes de que estos siguen siendo mayoritariamente de los países terceros para Europa, alcanzando entre un 70 y 80% del total de las movilidades. Sin embargo, ya se han iniciado los flujos en sentido contrario y creemos que, a medida que el conocimiento de las instituciones y de las realidades en los países terceros (en este caso, de Iberoamérica) se vaya profundizando entre las instituciones europeas, existirá un mayor equilibrio.
(3) ¿Cómo promover y agilizar el reconocimiento de los créditos realizados en universidades extranjeras, en beneficio de los estudiantes?
Permítanme que refiera el ejemplo que mejor conocemos, el de la Universidad de Porto. La U.Porto ha participado en varias candidaturas a proyectos europeos, de los que coordina cuatro. En estos proyectos, la U.Porto está canalizando un gran esfuerzo precisamente hacia una mayor harmonización de procedimientos académicos y administrativos entre los sistemas de educación superior europeo e iberoamericano, aprovechando su experiencia de 20 años en el Programa Erasmus. Los resultados de una cooperación de más de 10 años en programas de movilidad con universidades brasileñas y de un año de cooperación dentro del programa Erasmus Mundus con Brasil, Uruguay y Paraguay, permiten entender: (i) una gran convergencia en la adopción de procedimientos que facilitan la definición de los programas de actividad y el posterior reconocimiento de créditos; (ii) progresos notorios con relación a la posibilidad de consideración de una mayor flexibilidad curricular, los cuales, sin poner en causa la cultura y la ordenación académica propios de cada país o región, han consagrado especificidades propias de los programas de estudio en la UE y en AL, aspecto de importancia relevante.
A pesar de la validación y el reconocimiento de los aprendizajes formales y, sobre todo, de las no formales suponer algunas dificultades, creemos poder decir que ya no son un obstáculo para la movilidad. Considerados estos hechos, sería importante extender y profundizar los programas de cooperación entre la UE e Iberoamérica, creando condiciones para asociar a estos consorcios un mayor número de IES de Europa y de América Latina. El conocimiento, intercambio de experiencia y confianza entre instituciones es fundamental para la evolución del personal académico, jurídico y administrativo que facilitan las movilidades.
(4) ¿Cuál es el papel de idiomas como el español y el portugués en la internacionalización de la educación superior? ¿Verán estos perder sus espacios de influencia (alrededor de 500 millones de hablantes de español y 250 millones de hablantes de portugués) por el inglés? ¿Podrán, al contrario, estos idiomas funcionar como un elemento de promoción de la internacionalización en estos espacios?
En los países de América Latina (Gacel-Ávila, 2005; Laus, Morosini, 2005; Jaramillo, 2005; Sánchez, 2005), la adquisición de competencias en un segundo idioma es parte de las estrategias de muchas universidades, siendo una de las razones que justifican la fuerte apuesta en la internacionalización de estos países. Efectivamente, el estudio de lenguas extranjeras nunca antes se había considerado prioritario.
La tendencia de afirmación del inglés como “lengua franca”, que ocurre en todo el mundo, ha hecho con que un número creciente de países hayan adoptado el inglés como lengua de enseñanza, no sólo en los programas de licenciatura, sino también en los programas de postgrado. El caso de los países escandinavos es bien conocido, ya que la opción en estos pequeños países también ha estado determinada por la reducida influencia de sus lenguas nacionales en el plano internacional. Sin embargo, no por ello han disminuido las preocupaciones con la defensa de los idiomas nacionales, incluso en países pequeños. Es conocido el caso de Flandes, en Bélgica. Las universidades están obligadas, por las leyes nacionales, a impartir, por lo menos, el 80% de los programas de licenciatura en holandés. Lo que significa que muchos estudiantes extranjeros de movilidad ven condicionada su voluntad de participar en programas de corta duración por no dominar el idioma.
El caso de las lenguas española y portuguesa es diferente. No sólo tienen una importancia significativa en el contexto internacional, sino que también han visto crecer el interés en su estudio por parte de nacionales de otros países, debido al importante peso de las economías de algunos países a escala global (Brasil, México, Angola, Argentina). De esta forma, más que ser conscientes de la necesidad de defender estos idiomas, es importante darse cuenta que, cada vez más, será un factor decisivo en las opciones de elección de estudiantes internacionales de una universidad extranjera. En el futuro, la calidad de los programas universitarios no diferirá mucho de región para región, cuyas universidades se volverán cada vez más comparables. Lo que será determinante en las elecciones no serán, por ventura, los programas académicos, sino otras competencias (lingüísticas e interculturales) que se adquirirán en países terceros. El aumento, hoy en día exigido en muchos países, del número de estudiantes, docentes e investigadores implicados en las movilidades como objetivo estratégico de la misma internacionalización, determina, de alguna forma, la adopción de la lengua franca como lengua de comunicación y de trabajo. Pero la sistemática exigencia que algunos países (como Alemania o Francia) han ido acentuando para reforzar la calidad de las movilidades, determinará, sin duda, una revalorización de los idiomas nacionales como instrumento de trabajo. Por tanto, es momento de prudencia y reflexión en las opciones sobre estas cuestiones, sin olvidar algo en que los especialistas están, cada vez más, de acuerdo: que en la formación de los más jóvenes el dominio de, por lo menos, dos lenguas extranjeras (además de la lengua materna) será, cada vez más, un factor determinante en el acceso al mercado de trabajo.
De esta forma, en el marco de una globalización que ha impuesto el inglés como lengua internacional de trabajo, tanto en reuniones científicas como en programas de educación (en particular al nivel de postgrados), podría preverse una estrategia de defensa de las lenguas nacionales en la ponderación de dos aspectos principales: si se trabaja – al nivel de la educación o de la ciencia – con proyectos de interés y relevancia estrictamente nacionales, las lenguas de trabajo serán, fundamentalmente, las maternas. Si se trabaja con programas de ciencia o de educación (por ejemplo, programas doctorales conjuntos), de elevada calidad y con interés y potencial que trascienden la dimensión nacional – pudiendo interesar a estudiantes e investigadores de todo el mundo – se justificará adoptar como lengua de trabajo el inglés.
(5) ¿Cómo estimular la movilidad dentro de los espacios regionales (por ejemplo, en el espacio iberoamericano), aumentando la cooperación entre sus universidades y centros de investigación y haciéndolos más atractivos y competitivos en el plano internacional?
La creación de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA) es una iniciativa reciente del gobierno brasileño y un ejemplo de buenas prácticas y de estímulo a la movilidad en el espacio iberoamericano. El objetivo de UNILA es promover la integración regional – abarcando los aspectos científicos, culturales, sociales y económicos – y fortalecer los lazos de amistad y cooperación entre los países de América Latina. En esta universidad, el 50% de los alumnos y de los profesores provienen de Brasil y el otro 50% de distintos países de América Latina. Sus actividades académicas se realizan en portugués y español.

2. Objetivos y estrategias

Dada la importancia de la internacionalización hoy por hoy en la estrategia de las universidades, la extensión e intensificación de los programas de cooperación entre las IES de los países iberoamericanos debe constituir un objetivo central.
Este es un esfuerzo muy exigente que supone el desarrollo de iniciativas y la creación de condiciones a varios niveles: mejor conocimiento recíproco de las IES del espacio iberoamericano; aumento de los flujos de movilidades de estudiantes, docentes, investigadores y personal técnico-administrativo en el espacio iberoamericano (condición igualmente importante para un mejor conocimiento y refuerzo de la confianza entre las IES); identificación de áreas prioritarias (o seleccionadas) de cooperación a nivel de la investigación y de los programas de educación, incluyendo la creación de programas conjuntos y/o de doble/múltiple titulación, particularmente a nivel de postgrado; y creación de programas (o aprovechamiento de los ya existentes) de financiación para la cooperación universitaria y de apoyo a la internacionalización de las IES.
En el marco de la temática que nos compete tratar – la movilidad universitaria –, nos centraremos en los objetivos y estrategias para promover un aumento de la movilidad de estudiantes, docentes, investigadores y personal técnico-administrativo.
Como ya hemos visto, la movilidad ha crecido mucho en los últimos años. Dado el potencial que representa para la formación académica y para la adquisición de competencias lingüísticas e interculturales, un número cada vez mayor de países aposta en el aumento de los flujos de movilidad como un aspecto central de la estrategia de internacionalización.

La Unión Europea, en el marco de sus políticas internas de reforma de la educación superior y en el ámbito del proceso de Bolonia, ha iniciado medidas y programas que tienen como objeto reforzar su afirmación internacional como espacio de referencia en la educación superior y área de excelencia en investigación. Recientemente, en abril de 2009, los Ministros de educación superior de la UE (Leuven Communiqué), establecieron como meta para la movilidad de estudiantes en el Espacio Europeo que, hasta el año 2020, por lo menos el 20% de todos los estudiantes de educación superior de la UE deberán disfrutar de una experiencia de movilidad en un país extranjero, lo que constituye un desafío muy ambicioso. En conformidad, el Presidente de la Comisión Europea estableció el “Green Paper. Promoting the learning mobility of Young People”, en articulación con la iniciativa “Youth on the move”. Establecido el consenso sobre la importancia de la movilidad, los diferentes actores sociales, dentro y fuera de las universidades, han iniciado ya el debate sobre las formas de concretizarlo y las medidas para promoverlo.
También EE.UU., tradicionalmente un país de acogida, pretende reforzar la movilidad de sus estudiantes en experiencias fuera del país. EE.UU. tiene hoy alrededor de 18 millones de estudiantes de educación superior, de los cuales un 3% son estudiantes internacionales. Sólo el 1,3% de los estudiantes de educación superior de EE.UU. realizan estudios en el extranjero, siendo el 90% estudiantes de graduación (Hassafa, 2009). En este contexto, la Simon-Lincoln Initiative tiene como objetivo que un millón de estudiantes norteamericanos puedan disfrutar de una experiencia de estudio en el extranjero en el año 2015 (Grothus, 2009).
En los países de América Latina, mientras se van estructurando algunos programas y medidas específicas, las principales estrategias de internacionalización pasan  por una creciente participación en redes y asociaciones internacionales, por la creación de programas conjuntos o de doble titulación con universidades extranjeras, por el desarrollo de proyectos conjuntos de investigación con centros extranjeros  y por una creciente participación de estudiantes, docentes e investigadores en programas de movilidad (Theiler, 2005; Laus, Morosini, 2005; Sánchez, 2005; Gacel-Ávila, 2005).
En este contexto, sería importante que las entidades, asociaciones o redes de universidades que representan las IES iberoamericanas llegasen, igualmente, a un acuerdo sobre valores de referencia a adoptar en los próximos años (por ejemplo, hasta 2015 y hasta 2020), como meta para la movilidad en el espacio iberoamericano.
Siendo que no disponemos de estudios suficientes para definir estas metas, pensamos que las IES iberoamericanas deberían asumir el compromiso de establecer como meta para 2015 la participación del 2,5% de sus estudiantes, docentes e investigadores en la movilidad en este espacio y, hasta 2020, aumentar ese valor a un 5%. Son números que dejo a su reflexión, pero que se apoyan en cuatro ideas que tengo como adquiridas: el gran interés y atención que las IES de Iberoamérica han dedicado a los programas de movilidad; el interés de gobiernos de estos países en apoyar la movilidad, previendo en sus presupuestos el refuerzo de partidas para ese fin; el número cada vez mayor de instituciones y empresas en la sociedad civil que han apoyado la movilidad; y la inversión creciente que las familias han hecho para proporcionar a sus hijos una experiencia de estudio en un país extranjero.
Somos conscientes, obviamente, de que el cumplimiento de estas metas exige un gran esfuerzo financiero por parte de gobiernos, universidades, sociedad civil y familias. Pero también somos conscientes de que este esfuerzo es fundamental para el desarrollo económico y social de los países del espacio iberoamericano y para su afirmación mundial como una región con elevados índices de desarrollo.
La Unión Europea y las Agencias Nacionales para la movilidad en cada país de la UE han dispuesto miles de millones de euros para estos programas de apoyo a la movilidad y están dispuestos, como ya hemos visto, a aumentar aún más este esfuerzo con la colaboración de toda la sociedad.
Los programas ERASMUS y ERASMUS MUNDUS Acción 2 son instrumentos fundamentales de apoyo financiero para la prosecución de estos objetivos. El segundo ha dispuesto, y seguirá haciéndolo, partidas muy importantes para las movilidades entre la UE y el espacio iberoamericano y puede, de esta forma, ser un instrumento muy importante en el esfuerzo de las IES iberoamericanas para alcanzar las metas atrás definidas.
El programa ERASMUS MUNDUS, el más reciente de la Unión Europea, ha ido substituyendo a los programas ALFA y ALBAN y presenta tres componentes, de las cuales destacaríamos dos que podrían constituir un excelente instrumento financiero en el apoyo a la movilidad entre los países iberoamericanos:
Acción 1 Programas conjuntos – Especialmente creada para apoyar la organización de programas de maestría y doctorado conjuntos, promueve la cooperación entre IES de la Unión Europea y de América Latina, entre otras regiones, con vistas a la creación de campus de excelencia, formación avanzada y recursos humanos altamente cualificados);
Acción 2 Consorcios – Las asociaciones entre IES son la base para el establecimiento de cooperación y movilidad de estudiantes, docentes e investigadores, con vistas al desarrollo socio-económico en el ámbito de la política de cooperación externa de la UE).
Las políticas de incentivo a la movilidad física aún mereciendo el apoyo de grandes sectores de la sociedad, constituyen un desafío muy grande. Es decir, sólo un esfuerzo de movilización por parte de grandes sectores de la sociedad y de grandes recursos de los países permitirá concretizar objetivos tan exigentes. De esta forma, y especialmente en este contexto de crisis, se discuten las estrategias y los instrumentos que podrán constituir una alternativa a la movilidad física/presencial (“Internationalisation abroad), ofreciendo al elevado número de estudiantes que no pueden disfrutar de tal experiencia, la posibilidad de adquirir competencias internacionales. Entre éstas, están la movilidad virtual, basada en la creciente disponibilidad de plataformas tecnológicas que facilitan la adquisición y desarrollo del saber y de competencias lingüísticas e internacionales y la llamada “internationalisation at home” (IaH). La primera será, en el futuro, objeto de una valorización cada vez mayor por parte de las instituciones de educación superior, particularmente en sus tareas de educación. La segunda, actualmente muy discutida en las universidades, se entiende como un instrumento que permite a los estudiantes sin posibilidad u oportunidad de disfrutar de una experiencia en el extranjero, disfrutar, en su país y en su propia universidad, de una dimensión europea/internacional que, de otra forma, no podrían vivir. Esa dimensión se recrea a través de un ambiente de aprendizaje que les permite adquirir competencias internacionales en “casa”. El concepto IaH quiere decir, literalmente, “internacionalización en el propio país” y se promueve con la ayuda de los extranjeros que viven en el país y de los nacionales que han vivido en el extranjero, o que, de otra forma, han obtenido competencias en la internacionalización (Nilsson, 2003).

Cuestiones para debate:
(1) Las metas para las movilidades entre las IES del espacio iberoamericano atrás sugeridas (hasta 2015: 2,5% del total de estudiantes, docentes e investigadores de Iberoamérica participan en un programa de movilidad en una IES de otro país del espacio iberoamericano; hasta 2020: 5%), ¿constituyen indicadores realistas? ¿Son susceptibles de constituir un desafío que movilice a las IES iberoamericanas?
Este desafío es ambicioso, pero suficientemente estimulante. Se estima que hoy en día la participación de los estudiantes en programas de movilidades en los países iberoamericanos (a excepción de España y Portugal) es inferior al 1%. Estos números serán aún más reducidos en el caso de los docentes. Eso significaría que estos números tendrían que ser más que duplicados en los próximos 5 años, y multiplicados por 5 en los próximos 10 años. Por eso, es un esfuerzo que requiere una fuerte contribución de las agencias gubernamentales, las universidades, las empresas, las familias y otras instituciones de la sociedad civil. También se sabe que estas instituciones son cada vez más conscientes de que la importancia de la movilidad está creciendo y que hay razones para creer que los recursos financieros que se están poniendo a disposición aumentarán en los próximos años. Tampoco debe olvidarse que la presentación de candidaturas conjuntas (abarcando IES portuguesas, españolas y de Iberoamérica) a los programas europeos es una excelente oportunidad para obtener recursos financieros muy importantes para el apoyo a la movilidad universitaria, como se ha demostrado en los últimos años.
(2) ¿Qué elementos se consideran imprescindibles para impulsar una estrategia conjunta de ampliación de la movilidad de las universidades iberoamericanas y para reforzar su atractivo en el ámbito universitario internacional?
La creación de redes de universidades en el espacio iberoamericano y el establecimiento de acuerdos específicos para la movilidad entre las IES serán, seguramente, dos instrumentos fundamentales para impulsar la movilidad.
Un ejemplo de buenas prácticas es el Programa ESCALA Estudiantil de la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo. Este programa es un instrumento estratégico en la cooperación de esta red de universidades, que pretende impulsar “la movilidad de estudiantes de distintas universidades de la región con el fin de promover el intercambio académico y cultural, y un mejor conocimiento de la diversidad y particularidades de los diferentes sistemas de educación superior instalados. Se promueve a estudiantes regularmente matriculados en carreras y licenciaturas en una universidad del Grupo a cursar parte de sus estudios durante un semestre lectivo en otra universidad de un país diferente al de su residencia, previa garantía, emanada de la universidad de origen, de que se le otorgará el reconocimiento académico de los estudios cursados en la universidad de destino, como avance concreto y equivalente en el plan de estudios de su propia carrera”. Desde este punto de vista, se trata de un programa muy semejante al Programa Erasmus en Europa, aunque con una dimensión mucho más reducida ya que los recursos financieros también son más reducidos.
(3) ¿Qué pueden ofrecer las universidades menos conocidas en el espacio iberoamericano y con menor reputación internacional para hacerlas más atractivas como punto de destino para estudiantes, docentes e investigadores internacionales?
Además de los idiomas, la riqueza y diversidad cultural de los países iberoamericanos son ciertamente un factor de atracción muy fuerte de los estudiantes extranjeros. Por ello, lo más importante en esta fase es promover la mejora de la calidad de los programas de enseñanza e investigación y hacer que estas universidades sean más conocidas internacionalmente, apostando por una mayor divulgación de las instituciones y de sus programas a nivel internacional, en particular en aquello que tienen de específico, tanto en el plano cultural, como en el lingüístico, histórico, etc. Por otro lado, la inversión en mejores condiciones de acogida (estructuras de apoyo más adecuadas en el ámbito de las oficinas de relaciones internacionales, residencias, comedores universitarios, servicios de salud…), puede ser una ventaja en el momento de escoger, relativamente a las grandes universidades, normalmente en los países más desarrollados y en ciudades de mayor dimensión, donde la creación de estas condiciones tiene costes mayores (por ejemplo, las residencias).
(4) ¿Qué acciones podrían impulsar la reducida movilidad de investigadores y la ampliación de redes en ese ámbito?
Un ejemplo de buenas prácticas es el desarrollo en el ámbito del Grupo Tordesillas de Universidades (asociación con más de cuatro decenas de universidades ibéricas y brasileñas) del Colegio Doctoral Tordesillas. Este Colegio tiene como objetivos la creación de programas avanzados de formación a nivel doctoral entre las universidades asociadas y proporcionar un entorno estimulante internacional de investigación que promocione la cooperación entre disciplinas de distintas universidades, asegurando una masa crítica que evita que los jóvenes investigadores se encuentren solos en algunas disciplinas y que facilita el intercambio de investigadores que trabajan juntos en áreas afines o complementarias.
(5)¿Qué estrategias deben adoptarse para favorecer la organización de candidaturas de éxito a los programas de financiación disponibles a través de agencias nacionales e internacionales, principalmente los de la Comisión Europea?
Un buen ejemplo es el desarrollo en el ámbito del Grupo Tordesillas de Universidades. La asociación entre universidades de este grupo, compartiendo objetivos y valores comunes permite, dada su masa crítica y diversidad, un mejor acceso a convocatorias, financiaciones y programas internacionales, aspecto del que las universidades integrantes han tomado consciencia al presentarlo como un objetivo importante dentro de las actividades del grupo.
Un otro ejemplo de buenas prácticas para impulsar la movilidad es la Fundación para la Proyección Internacional de las Universidades Españolas (Universidad.es), una iniciativa que permitirá a España contar con un instrumento competitivo que contribuirá a mejorar su posición en la economía del conocimiento y a su estrategia de diplomacia pública. “Universidad.es es una fundación del sector público estatal dedicada a la promoción del sistema universitario español en el mundo. Se trata de una iniciativa del Gobierno de España, promovida conjuntamente con los gobiernos regionales y las propias universidades, que se constituyó formalmente el 23 de diciembre de 2008, mediante la celebración de la primera reunión de su Patronato, e inició sus actividades en febrero de 2009”.

(6) ¿Cómo conseguir más recursos financieros para la movilidad? ¿Qué estrategias deben adoptarse para implicar a otros socios sociales (empresas, instituciones, otros…) en el apoyo y financiación de los programas de movilidad y, de esta forma, crear condiciones para una articulación más estrecha entre las universidades y la sociedad, en respuesta a las necesidades de esta última?
Además de los apoyos provenientes de las agencias nacionales y de las autoridades a nivel regional, es cada vez mayor el número de empresas y de instituciones que asumen posiciones de responsabilidad social, devolviendo a la sociedad parte de los beneficios generados en su actividad bajo la forma de programas y medidas de apoyo al desarrollo de los países. En este particular, y para el espacio iberoamericano, la red Universia apoyada pelo Banco Santander es un ejemplo de buenas prácticas que puede ser seguido por otras empresas, no sólo en el apoyo a los programas de movilidades sino también en la acogida de estudiantes e investigadores para prácticas dentro de las propias empresas y instituciones.
Las universidades también podrán tener una mayor participación en el apoyo a las movilidades. El Rector de la Universidad de Valladolid refiere “la importancia de desarrollar unos programas específicos de cada universidad que contaran con un presupuesto fijo de partida que podría ir implementándose a medida que se firmen convenios con empresas, instituciones. Ejemplo de programas:
- Programa de apoyo al establecimiento de nuevos convenios internacionales. Para ello sería importante que empresas y bancos pudieran participar, no sólo financiando, sino también aprendiendo lo que la universidad puede ofrecerles.
- Programa de apoyo a la creación y consolidación de redes estables de cooperación. Sería importante que las universidades participaran en foros de la sociedad civil para plantearse estas redes.
- Programa de apoyo al establecimiento de titulaciones dobles, múltiples o conjuntas incluido el Erasmus Mundus. Es importante la ayuda que desde Europa se da tanto al programa Erasmus de movilidad de estudiantes de grado, personal de administración y servicios y profesorado.
- Programa de apoyo a la excelencia investigadora. Sería un programa estrella para captar a los mejores ofreciéndoles condiciones como las que puedan ofertar EE.UU., Reino Unido, Suiza o Japón. Quizás serán menos, pero es importante su labor”.
(7) Sin perder la rica experiencia  que sólo se adquiere cuando se vive en otro país, ¿cómo puede aprovecharse la potencialidad de iniciativas como la movilidad virtual  o dar continuidad virtual a las experiencias resultantes de movilidades físicas anteriormente realizadas?
La movilidad virtual, es decir, la utilización de los recursos e información disponible en Internet, favorece el establecimiento de redes de contactos potenciando, de esta forma, las posibilidades de realización de una movilidad física en el futuro. Al no poder substituirse la movilidad física, contiene, no obstante, posibilidades muy interesantes para los estudiantes u otros candidatos a una movilidad internacional que, por razones de cualquier tipo, no tienen posibilidades de concretizar una movilidad física.
Está claro que estamos en presencia de realidades distintas que, pudiendo complementarse, no se substituyen. Efectivamente, la experiencia que resulta de un contacto directo no es substituible por una experiencia virtual cualquiera, por muy rica que sea. Sin embargo, resulta claro que la movilidad virtual puede potenciarse si se adopta como complemento de una movilidad física, permitiendo, una vez terminada, mantener un contacto con las personas, instituciones y países donde se realiza el período de movilidad. Esta articulación más estrecha de las posibilidades de una y de otra podría, en algunos casos (movilidades de investigadores, de docentes y de estudiantes de postgrado y de post-doc), permitir la reducción de los períodos de movilidad sin perjuicio para la formación y, de esta forma, reducir los costes con los programas. Sin embargo, esta idea es más difícil de concretizar en los primeros años de la formación, durante los cuales se revela ventajosa una estancia un poco más larga de los estudiantes, en un período en que es importante proporcionarles una experiencia independiente del apoyo y proximidad familiar.
(8) ¿Cómo puede aprovecharse, en cada universidad, la presencia de estudiantes, docentes e investigadores extranjeros que ahí estudian o trabajan, para promover, entre la comunidad universitaria nacional, la adquisición de competencias internacionales y la integración de la dimensión internacional, intercultural y global en la formación, preparando a los egresados para actuar profesional y socialmente en un contexto internacional y multicultural y desarrollar en los estudiantes habilidades para desempeñarse en ambientes académicos y profesionales multiculturales, y en los profesores y investigadores la posibilidad de participar en redes internacionales de producción, intercambio y distribución de conocimiento?
La llamada “internacionalización en casa” puede favorecerse a través de actividades que estimulen la participación de los estudiantes, docentes e investigadores de una universidad como programas de postgrado en lengua extranjera; cursos o módulos de cursos impartidos en lengua extranjera y en cooperación con universidades extranjeras; cursos sobre asuntos internacionales; apoyo tutorial de docentes a estudiantes extranjeros; apoyo tutorial de estudiantes nacionales a estudiantes internacionales para orientarles en aspectos prácticos y actividades de ocio; conferencias internacionales proferidas por profesores visitantes para docentes y estudiantes; prácticas profesionales en empresas extranjeras con sede en el país; participación en proyectos internacionales de investigación…

3. Conclusiones y propuestas para la acción
En síntesis, el desarrollo de programas de movilidad es un pilar fundamental de la internacionalización de las universidades. Este objetivo moviliza hoy por hoy, y de forma creciente, a universidades de todo el mundo que buscan crear programas, desarrollar iniciativas y encontrar financiaciones que permitan dar un mayor impulso a la movilidad.
En este esfuerzo de financiación están incluidas Agencias Nacionales e Internacionales, empresas y otras instituciones y, de forma cada vez más importante, las familias. Las propias universidades están creando programas específicos con financiación propia o cofinanciada.
De esta forma, se espera que en los próximos años los números de la movilidad universitaria puedan crecer en el espacio iberoamericano de forma significativa. Para conseguirlo, es necesario establecer metas realistas, comprometer a todas las universidades con esas metas y desarrollar un conjunto de acciones que apoyen esas metas.
Propuestas de acción
Metas:
Definir valores de referencia (en porcentaje del número total de estudiantes, docentes e investigadores) para la movilidad, a alcanzar en los años 2015 y 2020. Una vez definidas esas metas, las universidades del espacio iberoamericano deben desarrollar esfuerzos en el sentido de asegurar los medios para promover la movilidad, asegurando la participación en este esfuerzo de los gobiernos de cada país y de las respectivas sociedades civiles, definiendo los medios que ellas propias pueden afectar a ese esfuerzo y las acciones que lo apoyarán.
Acciones:
- Promover la creación de redes y asociaciones de universidades en el espacio iberoamericano y establecer acuerdos específicos para la movilidad entre esas universidades.
- Establecer contactos con los gobiernos de cada país para crear programas (o alargar los ya existentes) de apoyo a la movilidad universitaria y a la internacionalización de las universidades.
- Implicar a otros socios sociales (empresas, instituciones, otros…) en el apoyo y financiación de los programas de movilidad y, de esta forma, crear condiciones para una articulación más estrecha entre las universidades y la sociedad.
- Desarrollar, en cada universidad, programas específicos que contaran con un presupuesto fijo de partida que podría ir implementándose a medida que se firmen convenios con empresas, instituciones.
- Crear, en cada universidad, programas que apoyen la participación de un mayor número de estudiantes de estratos socio-económicos más desfavorecidos en programas de movilidad.
- Favorecer la organización conjunta entre las universidades iberoamericanas de candidaturas de éxito a los programas de financiación disponibles a través de agencias nacionales e internacionales, principalmente los de la Comisión Europea (Programa Erasmus Mundus, Acción 2).
- Apoyar, en cada universidad, la constitución y/o desarrollo de estructuras (departamentos de Relaciones Internacionales) fuertes y dotadas de recursos cualificados para apoyar el esfuerzo de internacionalización y, en particular, la movilidad.
- Promover acciones de divulgación, haciendo que las universidades iberoamericanas sean más conocidas internacionalmente.
- Desarrollar iniciativas que favorezcan un reconocimiento recíproco y más fácil de los créditos académicos obtenidos en universidades de otros países del espacio iberoamericano.
- Inversión en mejores condiciones de acogida de estudiantes, docentes e investigadores extranjeros.
- Aprovechar la creciente disponibilidad de plataformas tecnológicas para potenciar iniciativas de movilidad virtual, estimulando un mayor contacto con las personas, instituciones y países que facilitan la adquisición y desarrollo de competencias lingüísticas e internacionales.
- Aprovechar, en cada universidad, la presencia de estudiantes, docentes e investigadores extranjeros que ahí estudian o trabajan, para desarrollar iniciativas que promuevan, entre la comunidad universitaria nacional, la adquisición de competencias internacionales y la integración de la dimensión internacional, intercultural y global en la formación.
- Creación de programas de formación a nivel doctoral y de maestría entre universidades iberoamericanas.